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  • 28/12/2020 - 08:10  

    La riqueza de las almendras canarias

    José María Ayaso

     

    "... Árbol precioso que medra con toda prosperidad en todas nuestras Islas, elevándose mucho y decorando con sus flores los primeros anuncios de nuestra temprana primavera ..."

    Así hablaba del almendro el sacerdote, historiador, biólogo, y escritor canario, José de Viera y Clavijo, reconocido como el máximo exponente de la Ilustración canaria, en su ‘Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias’. Y es que no es menor la importancia que este cultivo ha tenido para la economía de las medianías de Gran Canaria, en las zonas altas del oeste de Tenerife o en Punta Gorda, en La Palma, Islas en las que fundamentalmente se ha desarrollado de manera más destacable.

    Hay una gran variedad de almendreros que se diferencian por el sabor de las almendras, su color, su tamaño y la facilidad al partirlas, aunque los consumidores las solemos distinguir exclusivamente por su sabor: dulces o amargas.

    Las almendras pueden consumirse crudas, tostadas, saladas o ahumadas, pero también como complemento de guisos y ensaladas y en repostería para elaborar tartas, turrones, polvorones, mazapanes y un sinfín de dulces.

    ALMENDROS-GC

    Los canarios y quienes nos visitan pueden deleitarse con una gran variedad de numerosos postres tradicionales en los que la almendra es el producto estrella: mazapán de Tejeda (Gran Canaria), bienmesabe (originario de La Palma), garapiñada, frangollo (postre a base de millo y almendras, principalmente de Tenerife), queso de almendra (pastel hecho con huevos y almendras de La Palma), etc. Para gustos más salados, el ‛mojo rojo’, también preparado con almendras, es un buen compañero de las ‛papas arrugadas’.

    Si se machacan bien y se mezclan proporcionadamente con agua, de las almendras se obtiene también una emulsión que se utiliza dietéticamente como sustituto de la leche de vaca y suele recomendarse como coadyuvante en los tratamientos de problemas cardiovasculares y de la diabetes. Decían las mujeres de entonces que el consumo de almendras dulces favorece la digestión, aumenta la secreción de leche materna y favorece la expulsión de lombrices; seguramente por la presencia, entre sus nutrientes, de la enzima sinaptasa o emulsina.

    Las almendras amargas también son muy apreciadas por sus cualidades curativas y en cosmética. Tal es que, mayormente en pueblos como el Majuelo, Timagada o el Chorrillo se mantiene la tradición de elaborar aceites de almendras, una tarea que hasta hace muy poco se hacía de manera artesanal, mediante prensas rudimentarias de madera conocidas como trallas, de las que algunas siguen en uso.

    Como recurso, el almendro tiene una madera rojiza muy dura y muy apreciada por los ebanistas y por los carboneros de las Islas que utilizaban los restos de la poda como leña y para obtener carbón de altísima calidad. Nuestros antepasados también utilizaban como forraje para el ganado, la cubierta verdosa de la almendra, mientras que la cáscara dura se aprovechaba como combustible. Actualmente, algunos quesos se ahúman con el humo que produce la combustión de las cáscaras de este fruto con el que tanto nos identificamos.

    Su floración, más temprana que la de otros árboles, puede ser un auténtico espectáculo. De ahí que durante el mes de febrero se celebre la ‛Fiesta del Almendro en Flor’ en varias localidades de Gran Canaria (Tejeda, Tunte y Valsequillo) y La Palma (Puntagorda).

    También te interesa ver el análsis nutricional de la almentra, realizado por la doctora Cristina Ruano.

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